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¡Nada pasó como lo esperaba!

Este año vino acompañado de muchos retos para todos. Nadie espera que el 2020 vendría acompañado de una pandemia, que se afectaría nuestra economía, veríamos amigos y familiares enfermarse, ver la partida de personas que llevamos en nuestro corazón y todo nuestro estilo de vida cambió en un instante.

Para nosotros ha sido un año de una transición muy fuerte. Además de todo, lo que ha estado aconteciendo a nuestro alrededor, como familia:

- En enero del 2020 comenzamos la grabación del sencillo Fortaleza y con el cierre en Puerto Rico se detuvo por completo.

- Con el cierre de los trabajos en marzo se abrió la oportunidad de comenzar mi canal de YouTube y con él, la decisión de no regresar al ámbito laboral. Después de casi 18 años como secretaria, con una rutina establecida, ha sido empezar desde cero.

- Entre mayo a julio buscamos la forma de continuar la grabación de Fortaleza y tres temas más. ¿Cómo lo logramos? Aún no lo sé, pero fue un milagro del Señor.

- En agosto logramos grabar el video oficial de Fortaleza en un lugar no planificado por nosotros, pero sí en la mente de Dios.

Dentro de todas las cosas, uno de los eventos más fuertes o retantes en este año fue el mudarnos para la Florida. Desde que mi esposo sufrió el derrame cerebral en mayo 2019, Dios comenzó a hablar en nuestros corazones y Él mismo abrió la puerta. Les confieso que cuando me bajé del avión y pisamos los Estados Unidos mi mente estaba completamente en blanco. No teníamos un plan, no teníamos nada definido, solo teníamos la promesa de Dios. Para el asombro de muchos, en una semana nos mudamos a nuestro apartamento y en las siguientes semanas ya teníamos vehículo.

Ha sido difícil el dejar atrás todo lo que nos proporcionaba estabilidad y confianza. El no tener a tus seres queridos cerca, no les niego que en ocasiones me ha hecho llorar. En momentos me he quejado de esta transición y he deseado regresar a todo lo que me da confianza. Llevar tantos años ejerciendo liderato y sentir que no tengo nada en mis manos para hacer ha sido hasta doloroso. Soltar todo para abrazar algo nuevo no es algo sencillo. Soltar implica renuncia, negarte a ti mismo, cambiar tu forma pensar y cambiar tu forma de caminar.

En medio de soltar, llegó el momento de abrazar Fortaleza y todo lo que esto abre en nuestras vidas. Fortaleza se ha convertido en mi cántico para abrazar lo nuevo. Abrazar lo nuevo ha requerido recalibrar mi vida y aceptar el pensar de Dios porque sus pensamientos y sus caminos son más altos que los nuestros. He tenido que aprender que hay un momento para cada cosa y que ni una hoja se mueve sin que sea la voluntad de Dios. Estamos en una temporada aún de ajustes, cambios, llanto y risa. Aunque esto ha sido un proceso de obediencia al Señor muy fuerte, prefiero pasar por todo esto que no hacer la voluntad y el propósito de Dios. Vivir en obediencia es pagar el precio por hacer Su voluntad.

En el trayecto he experimentado la soledad, el rechazo, la burla, la difamación, la envidia y muchas cosas más, donde he tenido que aprender a guardar mi corazón como un gran tesoro. Por otra parte hemos visto a Dios abriendo puertas que nunca pensé que se abrirían para mí. Puedo decirles que siento a Dios tan presente en nuestras vidas que se me ha olvidado que estamos solos. Su presencia ha sido tan fuerte que ha sustentado nuestros corazones de fe, esperanza y valor para enfrentar el mañana. Abrazar Su promesa ha llenado mis manos.

Nada ha resultado como lo esperaba, pero el plan de Dios para nosotros siempre será mejor que el nuestro. Nada será como lo espero, todo será mejor.

2 Corintios 4:7-18

Vivimos por la fe

7 Pero tenemos este tesoro en vasos de barro, para que se vea que la excelencia del poder es de Dios, y no de nosotros, 8 que estamos atribulados en todo, pero no angustiados; en apuros, pero no desesperados; 9 perseguidos, pero no desamparados; derribados, pero no destruidos; 10 siempre llevamos en el cuerpo, y por todas partes, la muerte de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nosotros. 11 Porque nosotros, los que vivimos, siempre estamos entregados a la muerte por amor a Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestro cuerpo mortal. 12 De manera que en nosotros actúa la muerte, y en ustedes la vida.

13 Pero en ese mismo espíritu de fe, y de acuerdo a lo que está escrito: «Creí, y por lo tanto hablé», nosotros también creemos, y por lo tanto también hablamos. 14 Sabemos que el que resucitó al Señor Jesús también a nosotros nos resucitará con él, y nos llevará a su presencia juntamente con ustedes. 15 Pues nosotros padecemos todas estas cosas por amor a ustedes, para que al multiplicarse la gracia por medio de muchos, más se multipliquen los que den gracias, para la gloria de Dios.

16 Por lo tanto, no nos desanimamos. Y aunque por fuera nos vamos desgastando, por dentro nos vamos renovando de día en día. 17 Porque estos sufrimientos insignificantes y momentáneos producen en nosotros una gloria cada vez más excelsa y eterna. 18 Por eso, no nos fijamos en las cosas que se ven, sino en las que no se ven; porque las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas.


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