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Mujer de Gracia y Fortaleza | Episodio 1 Rizpa

Vemos en escena a Rizpa, concubina de Saúl y sus dos hijos siendo ejecutados. En el pasado, Josué había hecho un pacto con los gabaonitas y durante el reinado de Saúl, este pacto fue quebrantado.


Han pasado los años y bajo el reinado de David llega una hambruna, la cual lleva ya tres años (2 Samuel 21:1-14). El rey David toma la decisión de consultar al Señor y le es revelado el asunto. David se acerca a los gabaonitas, buscando enmendar el pacto y estos solicitan la vida de siete hijos de Saúl.


Luego de ejecutados, Rizpa tomó una tela de cilicio y lo tendió para sí sobre una roca, desde el comienzo de la cosecha hasta que llovió del cielo sobre ellos y no permitió que las aves del cielo se posaran sobre ellos de día, ni las fieras del campo de noche.


A pesar, de que ella no pudo evitar la muerte de sus hijos, hizo lo que era posible para ella. Fue determinada en estar aproximadamente seis meses, velando los cuerpos de sus hijos. Tenía claro su objetivo, las aves del cielo, ni las fieras del campo deshonraran los cuerpos de mis hijos. Hasta que llegó el día en que David les dio sepultura y luego Dios fue movido a misericordia y llovió.


Rizpa significa carbón encendido. Esta mujer no se victimizó ante el dolor. Esta mujer se levantó. Ella no abrazó el dolor, ella tomó su autoridad. Vemos en Rizpa, sacrificio, protección, determinación y perseverancia.

Su perseverancia trajo justicia. No llovió hasta que sus hijos fueron sepultados, no llovió hasta que recibieron la honra que ameritaba. Este heroico acto de esta mujer, tocó el corazón de Dios y la tierra se sanó.


Hay situaciones de las cuales no tenemos control sobre ellas, pero nuestra determinación puede ser como un carbón encendido en nuestras vidas.


Rizpa estuvo seis meses peleando sola, sin rendirse. No se sentó a llorar por su situación, estuvo dispuesta a pelear. Tomó su autoridad y no descansó hasta ver la justicia de Dios a favor de ella.


Ella siguió siendo un carbón encendido, la muerte no apagó su llama. Cuando era su peor momento, en vez de vestirse de cilicio, se levantó en fuego. Dios recompensó su sacrificio, su perseverancia y fe.


¿Qué aprendemos?

  • En la vida, ante la adversidad, tenemos dos opciones: peleamos, tomamos nuestra autoridad o nos victimizamos abrazando el dolor.

  • Somos responsables en tomar nuestra autoridad en Dios y dar la batalla a través de nuestra oración, con una fe perseverante.

  • Nuestra vida es el resultado de nuestra actitud ante las pruebas y los problemas.

  • No podemos ceder nuestro lugar ante la espera, permanece en el lugar que Dios te ha concedido, eres Su hija.

  • Cuando eres un carbón encendido, las pruebas no apagaran tu llama.

  • Dios recompensara tu sacrificio y tu entrega. Dios no se olvida de tu perseverancia y de tu fe.

  • Cree que va a llover, Dios trasformará la tierra seca y verás el fruto de tu fe.

  • Las circunstancias llegan hasta donde tu le permites, no le des autoridad a tus problemas, no le des autoridad al enemigo.

  • No rindas, pelea, ten fe, mantén tu fuego hasta que veas lo que Dios te ha prometido, verás Su justicia.

  • Mujeres que no abrazan el dolor, que no son victimas de sus circunstancias, ni victimas de su pasado, mujeres guerras, llenas del fuego de Dios para conquistar.


¡Dios va a abrir ríos en el sequedal!


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